Una flor literaria directa desde el desierto
Pocos libros me han impactado tanto como el de la modelo somalí Waris Dirie. No por la manera en la que está escrito sino por lo que transmiten sus palabras…
La historia la conocí hace tiempo. Había visto un trozo de la entrevista que le hizo Ana Rosa Quintana cuando aún estaba en Antena 3, no era madre y tenía arrugas, esas que luego el cirujano borró (cada día está más joven). Luego, esta historia volvió a mi de la mano de Olivia Waters… Ella me prestó el libro y yo lo devoré en los submundos de Madrid a ritmo del traqueteo del metro…
Waris (evitar pronunciar “guarris”, por favor), como la gran mayoría de los somalís, era nómada, es decir, que viajaba cada tres semanas con la “casa” a cuestas en busca de su propia supervivencia, es decir, agua y pasto para su ganado… Eso me impactó notablemente… Desde la comodidad de un techo donde dormir todos los días se me había olvidado lo privilegiada que soy…
Descalza hasta las trece años, a Waris se le practicó la ablación como a millones de niñas en 28 países del mundo. La crueldad que esconde esta palabra no pasa por sólo cortar el clítoris, impidiéndo a la mujer un placer único, sino que cosen los labios de las niñas dejando apenas unos agujeros pequeños por donde poder orinar (a cuenta gotas) y para que puedan tener la regla (multiplicando por dos su duración)… En la mayoría de los casos en pleno desierto y, por supuesto, sin anestesia… Toda una aberración de una mente masculina, avalada hoy en día por la ¿tradición? ¿religión? ¿los años? Pura ignorancia que me hierve la sangre…
Waris logró salir del desierto, comprarse zapatos (algo que se convirtió en su obsesión) y, lo impensable, ser una supermodelo…
Sin duda una historia digna de leer, tanto para hombre como mujeres… Una vida de película que te hace revolverte en el sofá… y eso está bien, que no hay peor cosa que dejar que los pensamientos se acomoden…







